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Para cambiar el país, Villacís   Lista de mensajes  
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En nuestro país, lamentablemente, la soberanía es solo una palabra compuesta de nueve letras. Nada más. Porque si entendemos como soberanía nacional aquella que está en las manos del pueblo; esta palabra, este concepto, este anhelo (este querer ser país)... no existe en el Ecuador.

 

A Luis Villacís Maldonado, candidato presidencial de Unidad Popular- MPD, listas 15, es común verlo rodeado de gente... Cuando asiste a eventos internos de su partido político, su contundente discurso es uno de los más esperados, todo el mundo presta atención y la mayoría aprueba sus planteamientos. Y durante los recesos, siempre se lo encuentra en la mitad de un círculo de compañeros de todas las edades, dirigiendo un diálogo lleno de bromas y anécdotas graciosas.

Su buen humor, su carácter chispeante, su gran capacidad de identificarse rápidamente con todos es tal vez la faceta que menos se observa de él a través de los grandes medios de comunicación; aunque así actúe también con los periodistas que cubren las fuentes políticas; muchos de quienes lo llaman con confianza, pero también con respeto:"el Luchito". Cuando hay que saber qué mismo es lo que cocina la derecha en secreto, hay que preguntarle al `Luchito', pues siempre está bien informado...

Sin embargo, ningún medio de comunicación de los grupos de poder ha logrado acercarse lo suficiente a la real condición humana y política de este dirigente popular, hijo de un obrero de la fábrica La Internacional, Don José Luis Villacís Coronel, que, por buscar lo mejor para su familia, se trasladó a la ciudad de Quevedo a trabajar como carpintero. "Mi padre siempre me inculcó que hay que tomar acciones en beneficio de los trabajadores pobres de este país, de tal manera que cuando yo me gradué de Licenciado en Ciencias Sociales y Políticas, mi profesión la puse al servicio de quienes más lo necesitan".

Para Don José, todo podía esperar, menos el pan en la mesa y la educación en la conciencia y el alma de sus hijos.Villacís estudió en el colegio fiscal Nicolás Infante, de Quevedo, en donde descubrió a la organización juvenil que podía canalizar sus sentimientos de rebeldía, su ansiedad de justicia: la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE), de la que fue un destacado dirigente. Participó activamente en un paro de estudiantes de su colegio, lo cual lo volvió, a tan corta edad, un personaje polémico en Quevedo. Al llegar a la Universidad se vinculó con el movimiento estudiantil universitario, se integró a la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE), en la Asociación Escuela de Derecho. Toda esta experiencia adquirida durante su juventud, lo llevó a vincularse a la organización barrial en el Comité del Pueblo No 1, donde organizó un programa de vivienda para la gente más pobre de la ciudad de Quito.Allí Luis Villacís se radica con su esposa y sus tres hijos, hasta la actualidad. Como presidente del Frente Popular, la presencia política del actual candidato del MPD cobró trascendencia nacional.Allí se puso en evidencia su liderazgo y su capacidad de organizador. Fue un elemento clave para los procesos unitarios de los pueblos, en instancias como el Frente Patriótico del Pueblo, cuya acción fue determinante en la caída de los gobiernos de Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad.

La oportunidad que luego tuvo de actuar en la institución más desprestigiada del país, el Congreso Nacional, la aprovechó para golpearla desde adentro, fue una oportunidad para buscar cada resquicio que las disputas interoligárquicas dejan, para minar a este sistema capitalista, a su institucionalidad. Ese fue el papel que cumplió en los sucesos de diciembre del 2004, cuando el Congreso removió a la Corte Suprema de Justicia, que era de dominio del Partido Social Cristiano, una Corte responsable de la impunidad en el caso del asesinato al líder histórico de su partido, Jaime Hurtado González, a quien Villacís siempre admiró y guardó un gran cariño como compañero. Luis Villacís ha sido calificado por los medios de comunicación como uno de los mejores diputados de este período, uno de los pocos que se salvan de la censura pública que ha tenido el Congreso Nacional, gracias a su temple, su inteligencia, su trabajo incansable en la tarea fiscalizadora y legislativa en contra de la corrupción y en favor de los pueblos.

Ahora, las propuestas que promueve, como candidato presidencial, cuentan con gran legitimidad en la población, pues son los pueblos los que las han venido forjando con su lucha en estos últimos años: el no pago de la deuda externa, por ejemplo, es uno de los temas que más ha movilizado a los ecuatorianos a la hora de reclamar por la falta de recursos para la obra social.Así mismo, la propuesta de nacionalización de los hidrocarburos y recursos mineros es un planteamiento que se hizo carne, sobre todo en las regiones postergadas de la Amazonía, donde se han protagonizado grandes jornadas de lucha contra las transnacionales y a favor de la recuperación de la riqueza petrolera para los ecuatorianos.

Además, ambas propuestas, que evidentemente tienen un carácter radical, han sido ya aplicadas en diferente medida en otros países de América Latina, como Argentina,Venezuela y Bolivia.Y es precisamente ese ejemplo el que ahora da fuerza a una corriente nacionalista y patriótica entre los ecuatorianos. Villacís encabeza una propuesta política totalmente factible y necesaria en el Ecuador de hoy. Esto es precisamente lo que saca de casillas a ciertos periodistas que, como Jorge Ortíz, esperan ver en los candidatos de izquierda a gente poco preparada y sin firmeza ni convicción. "Habrá que atarle con una cadena contra la silla porque ya le van a salir alas, de lo angelito que es", dijo este periodista amargado y ultraconservador, al quedarse sin argumentos frente a las respuestas de Villacís en el programa Este Lunes. El candidato presidencial de la izquierda revolucionaria sufrió un embate de afirmaciones maliciosas y falsas en este programa de televisión, pero las supo confrontar con valentía y claridad.

Las situaciones difíciles que ha tenido que afrontar Luis Villacís por mantener esa concepción del mundo y de la política, han sido muchas: fue víctima de persecuciones desde muy joven, y luego, en el ámbito de la dirección social y política, ha sido apresado, golpeado; ha sido víctima de represión, y no solo él sino también sus familiares. En varias ocasiones han allanado su domicilio y ha sido amenazado de muerte, a través de distintos medios. Es decir, ha pasado una serie de contratiempos que según él los entiende, no son sino parte de la formación de los dirigentes revolucionarios, que los va templando cada vez más, como un acero."Yo creo que haber representado a mi pueblo es una cosa realmente extraordinaria. Un ser humano se siente feliz y realizado cuando logra servir y representar a los demás, y llevar en primera fila la reivindicación de los trabajadores y los pueblos; ese es mi caso. Con toda sencillez y responsabilidad asumo esta tarea, y me siento muy orgulloso, un sano orgullo revolucionario, de poder llevar esta bandera del cambio en el Ecuador". Por Todo esto, por como siente y piensa, por como ha actuado a lo largo de su vida de revolucionario, cuando sonó su nombre para candidato surgió espontáneamente un slogan: "Para cambiar el país,Villacís".


Un auténtico luchador popular

Habla en quichua, su lengua natal. Alza el puño, aprieta la lucha del pueblo; lo agita en todas las direcciones, alborotando la esperanza. Habla convencido de lo que conoce y siente, por eso la palabra `revolución' se respeta en sus labios y se proyecta como una luz de justicia en sus ojos.

Más de un centenar de indígenas de la parroquia de Imantag, en Cotacachi, lo escuchan con atención hablar de capitalismo, corrupción y pobreza; y mueven afirmativamente la cabeza cuando le oyen referirse al socialismo, la patria nueva y la equidad social.

La gente lo siente como uno de ellos, porque es indígena como ellos; porque sufrió de explotación, marginación y miseria al igual que ellos; porque pelea de frente a esta injusta realidad, porque anhela un mañana distinto y honesto, al igual que ellos... Así es César Buelva, nacido en la provincia de Chimborazo, en la comunidad de Galte Laime; criado únicamente por su finada madre, y acogido después por la ternura y la bondad de sus abuelos.

Al hablarles también ríe, con aquella sonrisa franca de quienes saben que el camino escogido, el del sendero revolucionario, es el correcto y el único válido para transformar la realidad; César, en su discurso, también ríe, porque la esperanza y la fe son sinónimos de vida y alegría.

Él es un dirigente que jamás bajó la cabeza ante nadie y que miró siempre por el bienestar de sus hermanos indígenas y campesinos; César lideró importantes jornadas de lucha por la reivindicación de tierras, por arrebatarle al hacendado y sus gamonales lo que pertenece al pueblo: la pacha mama.

César se forjó en este proceso de rebeldía, al tiempo que se nutría de la doctrina revolucionaria hasta convertirse en un destacado y respetado líder indígena. ¡Las cosas de la vida! Por las duras condiciones económicas que soportó, a la edad de siete años tuvo que `vender' su fuerza `infantil' de trabajo a los hacendados explotadores, a los que después combatió con radicalidad.

Los diferentes representantes de las comunidades de Imantag se emocionan cuando César les cuenta de su lucha por crear escuelas bilingües en el campo, por dotar de electrificación al sector rural, por fortalecer el Seguro Social Campesino. Se alegran al saber que fundó la Unión de Campesinos del Ecuador (UCAE), la Federación Única de Afiliados al seguro Social Campesino (Feunassc), el Movimiento Indígena Revolucionario Jatarishum; se entusiasman al conocer que organizó y unió al pueblo por lograr reivindicaciones sociales, y que por toda su trayectoria de dirigente popular fue postulado, en 1994, por el Movimiento Popular Democrático a la diputación, la cual ganó, convirtiéndose así en el primer diputado indígena de la república del Ecuador.

De repente surge una pregunta del público, "¿qué hizo en el Congreso?" César agita su poncho rojo y sonríe, y contesta que fue al parlamento burgués para demostrarle a los ricos que los pobres sí son capaces de hacer gobierno; que presentó proyectos populares como la Condonación de Deudas del Banco Nacional de Fomento; que fue ejemplo de honestidad y que nunca se dejó tentar por el hombre del maletín; que nunca vendió sus principios y que salió del Congreso como entró: con las manos limpias.

A pesar de la energía de su discurso, su sombrero no tiembla, está firme como su convicción ideológica. "Yo sigo el mismo camino de mis hermanos: Rumiñahi, Eloy Alfaro, Dolores Cacuango, Ambrosio Laso, Jaime Hurtado y Che Guevara", manifiesta César Buelva, otra vez con el puño en alto, aquel puño en forma de corazón que late en búsqueda de asaltar el poder y construir la Patria Nueva.

Sí, así es César Buelva, padre de siete hijos, todos `rojos' como él, admiradores de su tesón y coraje por servir a su pueblo; que al igual que él se indignan por la pobreza, la falta de educación y la carencia de empleo.

Ahora, Buelva está de candidato a la vicepresidencia de la república por el Movimiento Popular Democrático, en binomio con Luis Villacís. Él lo toma como otro desafío en este largo proceso de avanzar a la conquista del poder: "Yo soy de abajo, de los que sienten frío, hambre, la necesidad y el sufrimiento de nuestro pueblo. Los ricos no cambiarán la realidad política y económica, solo lucharán por su beneficio propio. En el Ecuador hay un problema de lucha de clases, entre ricos y pobres, y, por lo tanto, somos los pobres, los que nunca hemos gobernado, los que ahora podemos y debemos tomarnos el poder para transformar esta injusta r e a l i d a d " , afirma categóricamente César, mientras clava su mirada de desafío e ilusión a sus hermanos de Imantag.

Entonces la concurrencia se levanta y aplaude al líder popular y revolucionario; su trayectoria es la lucha política a favor de los más marginados y explotados; y esa vida de rebeldía, de combatir a diario a la pobreza y la miseria, le da toda la autoridad moral para dirigir ahora a su pueblo.

Al finalizar su intervención, César Buelva vuelve a alzar el puño, aprieta la lucha del pueblo; lo agita en todas las direcciones, alborotando la esperanza. Habla convencido de lo que conoce y siente, por eso la palabra `revolución' se respeta en sus labios...


Sáb, 14 de Oct, 2006 7:14 pm

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14 de Oct, 2006
7:58 pm
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