Entrar
¿No tienes cuenta? Registrarse
Ciber_Etica_Holistico_Planetaria · Foro Internacional
? ¿Ya tienes membresía? Entra a Yahoo!

Consejos

¿Sabías que...
Decide qué mensajes pueden llegar al grupo. Simplemente, modifica las preferencias.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
El amor y la tragedia personal (José Carlos Mariátegui)   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #1053 de 8410 |
El amor y la tragedia pasional*

Por: José Carlos Mariátegui
Perú, 1895-1930

Italia es un país exaltadamente sentimental. La nota cotidiana de los
periódicos son las tragedias de amor. Las gentes matan o se matan por
amor con una facilidad extraordinaria. Cuando se viene de un clima
espiritual diverso, no se puede menos que exclamar: ¡Pero aquí toman
el amor en serio!

Porque esa es la sensación del recién llegado; en Italia se toma en
serio el amor. Lo que quiere decir que también es su sensación que en
el resto del mundo no pasa lo mismo. Y no, por supuesto, a causa de
que en el resto del mundo se tome en serio cosas mucho más
interesantes, sino a causa de que, por lo general, ya no se toma en
serio absolutamente nada.

En Italia, según algunas opiniones, la frecuencia de las tragedias de
amores es una cuestión de posición geográfica. Pero no entremos en
consideraciones científicas. Constatemos, más bien, que la tragedia
de amor es frecuente en Italia porque el amor es, asimismo,
frecuente. No hay en las gentes ninguna propensión particular a
llevar su amor hasta la tragedia; pistoletazo o cuchillada. Hay,
únicamente, una propensión; la propensión de amar locamente
(propensión que podríamos llamar cardíaca, si esta palabra no fuera
tan exclusiva). Se mata por amor, porque se ama. Porque se ama
apasionadamente, arrebatadamente, delirantemente. Porque, sin duda
alguna, las gentes saben amar aquí como no se ama tal vez en ninguna
parte. En un amor suelen ver el principio y el fin de su vida.

En estos tiempos podría sospecharse que las tragedias de amor
estuviesen en conexión con la guerra. Podría suponerse que el
espíritu épico anacrónicamente resucitado por la guerra se reflejaba
también en el amor. Podría creerse que concomitantemente con otros
excesos más o menos morbosos aparecía un exceso dramático en el amor.

Pero no. En Italia se ha amado siempre de esta manera. Hace un siglo,
Stendhal adoraba a Italia precisamente por su adorable pasionalidad.
El prefacio de "La Cartuja de Parma", verbigracia, es una
apología de la pasionalidad italiana. Stendhal se duele en él que en
Francia las gentes no sean capaces de amar como en Italia.

Italia era, pues, en los lejanos días de Stendhal, tan romántica como
en nuestros días. Y, seguramente, más romántica aún.

Y tal modalidad psicológica se manifiesta en todas las expresiones
del alma italiana. En la literatura, por ejemplo, influye
señaladamente. La novela italiana es una novela a base de amor. Y el
teatro es un teatro a base de amor también. Y si se desciende a un
género folletinesco e industrial de la literatura, el cinematógrafo,
se encuentra, naturalmente, mayor rotundidad y mayor acentuación en
esta característica. Las películas cinematográficas italianas son a
base de amor solamente. Francisca Bertini es una eterna heroína del
amor. Los empresarios y los libretistas cinematográficos la
obligan a amar sin descanso en todas las formas posible. Cosa que la
tendría quizá muy empalagada si no representara para ella un sueldo
anual de un millón de liras y una celebridad de novela de Carolina
Invernizio.

Ahora bien. ¿Merece el amor ser tan tropicalmente sentido y tan
altamente valorizado? Ha ahí una pregunta que mejor sería no
formularse cuando se está próximo a solidarizarse con Stendhal en la
alabanza de la pasionalidad italiana. Pues, en verdad, la vida enseña
que el amor no representa en ella lo más trascendental, y que mucho
menos representa lo único trascendental como les parece a los
enamorados en estado febril. Más todavía. El amor no es decisivo en
la vida. Puede serlo a veces; pero no lo es siempre. No lo es
sino por excepción.

Veamos el amor en un libro contemporáneo. En un libro por cuyas
páginas la vida pase objetiva, natural y verdadera. En un libro donde
no se le mistifique ni se le artificialice. En un libro, además, donde
hallemos todos los capitales de una historia humana. Por ejemplo,
en "Los tres", de Máximo Gorki. Notaremos que el amor tiene en esas
tres vidas tangentes de la gran novela una significación más
episódica que sustantiva.

Veamos el amor en un libro antiguo. En el libro más perdurable y más
altísimo de la literatura española. En "Don Quijote". Advertiremos
que el amor ocupa en "Don Quijote" un puesto secundario y que esto
no disminuye la humanidad de la obra. El amor del ingenioso hidalgo
es una consecuencia de su locura. Don Quijote no enloquece por estar
enamorado. Se enamora por estar loco. El amor en el libro de
Cervantes está, pues, en la categoría de simple síntoma de un
desequilibrio mental. Por otra parte, el amor de Don Quijote no es,
realmente, amor. Es una ilusión de amor. Es una autosugestión
erótica. Don Quijote no se enamora, efectivamente, en ningún momento.
Se enamora sólo cuando recuerda que un caballero andante debe estar
enamorado y que él ha descuidado tan importante particular. Se
enamora por ser en todo tal como los caballeros descritos en los
libros de caballería. Si Don Quijote hubiera leído en los libros de
caballería que habían existido muy famosos caballeros andantes sin
amor y sin dama, habría dudado muchísimo para enamorarse. Y si
hubiera leído que los caballeros andantes no habían menester de
enamorarse, no se habría enamorado por ningún motivo. Con
lo cual se habría ahorrado la desventura de que los desagradecidos y
villanos galeotes lo agraviasen y tundiesen por haberles dado la orden
imperiosa de que, en agradecimiento de su libertad, fuesen a contar a
Dulcinea la hazaña cumplida por su caballero en su nombre y obsequio.
El amor tiene en Don Quijote, como acabamos de ver, además de un
puesto adjetivo, un sentido irónico, burlesco y socarrón.

Pero, sin embargo, no sería razonable que estas consideraciones
enfriasen nuestro entusiasmo de espectadores por la pasionalidad del
amor en Italia. Preferible es - aunque personalmente optemos en
trances de amor por la moderación y la prudencia- que como Stendhal,
admiremos y queramos a Italia, sobre todo sus virtudes y excelencias
por su capacidad de amar con locura. Porque, después de todo, es
necesario que haya en el mundo quien sepa amar con heroísmo y sin
ponderación, medida ni apasionamientos. De otro modo, el mundo sería
una aburrida y detestable monotonía espiritual. Y, finalmente,
habría el peligro de que, falto de un conservatorio, de un vivero, de
una almáciga, el amor sentimental por lo menos en sus jerarquías
heroicas, temerarias y épicas, se extinguiese gradualmente como esas
especies zoológicas que enrarecen poco a poco asesinadas por los
cazadores, por la civilización y por el tiempo. Y de que un día en
que se pensase que no había existido jamás. Y que los hijos de
nuestros hijos, criaturas más escépticas que nosotros, no pudiesen
oír sin soltar la risa, que la historia de Romeo y Julieta era una
historia auténtica y que había sido posible amar así en la
época de sus bisabuelos.

______________________________________________________________________
(*) Fechado en Florencia, 30 de julio 1920; publicado en El Tiempo de
Lima, Perú, el 23 de enero de 1921. Editado en: José Carlos Mariátegui
" Cartas de Italia" vol. 15 de sus Obras Completas. Pags. 207-210.
Empresa Editora Amauta. Lima, 1969.






Lun, 1 de Dic, 2003 9:58 pm

bhanzy2002
Sin conexión Sin conexión
Enviar correo Enviar correo

Reenviar Mensaje #1053 de 8410 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

El amor y la tragedia pasional* Por: José Carlos Mariátegui Perú, 1895-1930 Italia es un país exaltadamente sentimental. La nota cotidiana de los ...
Victor Andrés Mont...
bhanzy2002
Sin conexión Enviar correo
1 de Dic, 2003
9:58 pm
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! Inc. Todos los derechos reservados.
Normativa de confidencialidad - Condiciones del servicio - Reglas - Ayuda