|
Opinión: La Emigración cubana: Miradas (I)
OPINION
xJorge Gómez Barata
Percibida de modo académico, como objeto de estudio, la emigración es un fenómeno económico y social, en ocasiones asociado a coyunturas económicas o políticas adversas y otras a oportunidades. Para los europeos, el descubrimiento de Nuevo Mundo y la fundación de los Estados Unidos fue un hecho feliz que vinculó la emigración a magnificas alternativas individuales.
La que puede ser considerada la primera oleada migratoria desde Cuba a Estados Unidos estuvo relacionada con la derrota de los patriotas en la Guerra de los Diez Años que, para ponerse a salvo de la venganza y la represión hispana y sobrevivir económicamente se refugiaron en Norteamérica.
La existencia de una colonia cubana en Nueva York, Cayo Hueso, Tampa, Luisiana y Florida, predominantemente patriótica y nacionalista, hizo posible que José Martí no sólo allegara recursos financieros para reiniciar la lucha, sino que organizara el Partido Revolucionario Cubano y reclutara entre los emigrados a muchos de los oficiales y combatientes para una nueva empresa independentista.
El que muchos de los patriotas cubanos sobrevivientes de la guerra de 1868 y otras luchas posteriores y sus familiares, junto con los obreros tabaqueros cuyas fabricas, para evadir restricciones comerciales coloniales fueran trasladadas a Cayo Hueso y Luisiana y que el propio José Martí, entre otros miles de cubanos, residiera y trabajara durante 15 años en los Estados Unidos, arrojó un saldo positivo para el desarrollo y la maduración del proceso político cubano.
Por paradójico que resulte el nacionalismo maduro y el antiimperialismo que caracterizó a parte de la intelectualidad, el sector académico y a sectores de la clase política cubana, tiene sus raíces más profundas en la experiencia norteamericana de nuestros nacionales que en aquel país entraron en contacto con el pensamiento social más avanzado, incluyendo el socialismo. Carlos Baliño que fuera colaborador de Martí estuvo entre los fundadores del primer partido marxista cubano.
Por vivir intensamente, trabajar y participar en la política norteamericana, conocer su lengua y su cultura, dominar a fondo las interioridades de su sistema político, estar familiarizado con el comportamiento de sus sabios y de sus hombres de empresa y también con la mezquindad y la corrupción vigente allí, permitieron a Martí y con él a miles de cubanos, adquirir una visión política y un horizonte conceptual que ninguna universidad podía propiciarles. Como escribió en una de sus conocidas metáforas, Martí vivió en el monstruo y le conoció las entrañas, mas no estuvo solo.
Para bien y para mal los procesos políticos cubanos y la obra de construcción nacional cubana, han estado mediatizadas por la cercanía, la influencia y los intereses geopolíticos de los Estados Unidos que hasta 1959 tuvieron en Cuba una especie de factoría. Ese hecho originó que la liberación nacional, el rescate de las riquezas del país y la obra social de la Revolución lesionaran intereses empresariales norteamericanos en la Isla, hecho que obligatoriamente no tenía que provocar un antagonismo insalvable pero que, al coincidir con la desmesurada y absurda política de la administración de Eisenhower y Nixon, adquirió matices extremos.
Fue ese binomio, al que se sumó la mente políticamente retorcida de Allen Dulles, a la sazón Jefe de la CIA, elaboró la peregrina idea de usar la emigración cubana como arma contra Fidel Castro y la Revolución y producir un vaciado de Cuba, acogiendo masivamente no sólo a la burguesía, la oligarquía y los ripios del régimen de Batista, sino también a la intelectualidad liberal y a miles de técnicos, profesionales y trabajadores. Aquella política politizó a la emigración cubana hasta límites demenciales.
Convertidos en instrumentos de la política de un gobierno extranjero contra el país en que nacieron, usados a veces como soldados a sueldo, llamados también mercenarios y convertidos en rehenes de manipulaciones diversas, los emigrados cubanos han sobrevivido y sus elementos más avanzados resistieron, fueron firmes, íntegros y coherentes y están listos para asumir una nueva etapa y actuar en nuevos escenarios. Nadie dice que será fácil. De eso les cuento. Miradas (II)
Si bien es cierto que los cubanos que emigran a Estados Unidos disfrutan del privilegio de ser acogidos sin reparos y automáticamente se les concede la residencia y pueden optar por la ciudadanía, también lo es que no pueden reinstalarse en su país. La desmesura de uno y otro tratamiento no obedece a afectos norteamericanos hacía los nativos de la Isla ni al deseo de las autoridades cubanas de sancionar a sus nacionales, sino a la naturaleza y la opulencia de un conflicto que impone su propia dinámica.
A pesar de ser el área más tirante en el diferendo bilateral, la más delicada y la que involucra a más personas, el conflicto migratorio es el único asunto respecto al cual, en varias ocasiones los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos han negociado y suscrito acuerdos y, a pesar de que muchos emigrados han participado en acciones violentas, actos terroristas y sabotajes, solidarizándose con el bloqueo y la agresión, el gobierno cubano ha aprovechado cuanta oportunidad se ha presentado para avanzar en la normalización de las relaciones entre ellos y sus familiares.
El modo como el gobierno cubano, especialmente Fidel Castro, condujo durante los preparativos y el desarrollo de los Diálogos de 1978 y en el curso de la Conferencia La Nación y la Emigración en 1994, evidencian la correcta percepción de que aunque vivan en el extranjero, para Cuba, la emigración es un asunto de política interna.
Por esa correcta percepción, cuando en medio del intenso enfrentamiento entre la Revolución Cubana y el imperialismo norteamericano, en el seno de la colonia cubana radicada en Miami aparecieron apenas unas decenas de personas políticamente aisladas, hostigadas y económicamente débiles que, exponiendo su seguridad desafiaron a la contrarrevolución y a la política del gobierno de los Estados Unidos y promovieron el diálogo, Cuba no dejó pasar la oportunidad.
En 1978, bajo el auspicio de Fidel Castro, que personalmente realizó la mayor parte del trabajo, incluyendo la labor de esclarecimiento a la sociedad cubana, se efectuaron los Diálogos de 1978 donde se registraron los mayores avances logrados en materia de relaciones con la emigración, incluyendo todas las facilidades que Cuba podía ofrecer para la realización de viajes y visitas de los emigrados al país, el restablecimiento de los contactos, la reconciliación y eventualmente, la reunificación familiar.
Alcanzada aquella cota, como era de esperar, las relaciones fueron bienvenidas por las instituciones cubanas y rebasando el ámbito estrictamente familiar se extendieron horizontalmente a otros tipos de contactos e intercambios: culturales, académicos, religiosos, científicos, profesionales e incluso políticos.
Mientras aquellos magníficos encuentros ocurrían, Estados Unidos no cejaban en el empeño por manipular la emigración, usarla contra la Revolución contra la cual fraguaban los más criminales planes. No obstante con valor, fe y constancia a toda prueba, los emigrados y sus familiares, con el beneplácito de las autoridades cubanas, continuaban profundizando sus contactos en lo que perecía una consistente marcha hacía la normalización.
En los años ochenta, la llegada al poder de las administraciones conservadoras de Reagan y los Bush, que coincidieron con la crisis del socialismo y la desaparición de la Unión Soviética, plantearon escenarios completamente nuevos y más difíciles, tanto para la Nación como para la emigración. De eso les cuento. Miradas (III)
La emigración cubana en Estados Unidos es un fenómeno objetivo de naturaleza económica, social y política cuya dinámica opera, no sólo por estímulos externos sino también por una lógica propia, en ciertos aspectos con una independencia relativa respecto a las legislaciones, las políticas e incluso a la voluntad de los gobiernos.
Emigración - se afirma - genera emigración. Esa circunstancia ratifica la certeza de la actitud del gobierno cubano al trabajar, junto a los emigrados por la normalización de las relaciones y los flujos migratorios y ordenar tales procesos sin intentar suprimirlos ni manipularlos.
De los atributos mencionados, el carácter económico y social de la emigración son constantes mientras que su naturaleza política es un añadido circunstancial que puede modificarse y de hecho comenzó a atenuarse a partir de los diálogos de 1978 cuando, por medio de viajes y otros intercambios de naturaleza privada y oficial se inició la normalización de las relaciones entre la Nación y la Emigración, proceso que será irreversible cuando la administración norteamericana deje de utilizar la emigración como instrumento político contra la Revolución.
Al encuentro de la remoción de los ángulos políticos, vienen los procesos sociológicos ligados a los cambios en la de motivación de los inmigrantes, las diferencias en la composición social de las nuevas oleadas migratorias, así como la atenuación de los acentos políticos con que las nuevas generaciones perciben la realidad y ajustan sus comportamientos, fenómeno al que no son ajenas la Isla ni la emigración.
Las personas que emigran de Cuba por razones económicas y por las aspiraciones de reunificación familiar, no asumen actitudes hostiles hacía el país o la Revolución, no rompen con sus familias y en el extranjero no suelen sumarse automáticamente a la actividad anticubana. Los descendientes de cubanos nacidos en el extranjero, no necesariamente heredan los puntos de vista hostiles de sus mayores ni piensan en la Isla como un destino para sus vidas.
En la medida en que Cuba aplique legislaciones modernas y cesen las manipulaciones políticas norteamericanas y contrarrevolucionarias, la emigración asumirá una nueva dinámica, la Nación no tendrá necesidad de protegerse de algunos de sus hijos que se sumaron a fuerzas externas y comenzará un ciclo marcado por una relación normal e incluso fecunda que se anticipó en las reflexiones de los emigrados con las autoridades cubanas durante los Diálogos de 1978 y la Conferencia
El proceso que condujo a aquel magnifico evento comenzó mucho antes cuando, entre los primeros exiliados de los años 59 y sesenta hubo quienes tomaron distancia de los elementos batistianos, no se vincularon a organizaciones contrarrevolucionarias ni endosaron la política norteamericana contra la Isla. A ellos se sumaron algunos que habían emigrado antes de la Revolución y permanecieron en Estados Unidos sin intervenir en la actividad anticubana, sino haciendo todo lo contrario.
Mencionar los nombres de aquellos compatriotas, además del riesgo de la exclusión involuntaria, tratándose de Miami y de alguien que escribe desde Cuba, entraña riesgos adicionales, no sólo por interpretaciones diversas, sino incluso por motivos de seguridad. El linchamiento social y político de algunos participantes en la Conferencia la Nación y la Emigración a su regreso a Miami, aconsejan prudencia.
Por sus propios caminos, sin otra ideología que un nacionalismo inmaculado, jóvenes sacados de Cuba siendo niños se agruparon en torno a la revista Areito y la Brigada Antonio Maceo y no sólo reivindicaron su derecho a dialogar con el gobierno de su país de origen, sino que con valor y determinación se fueron a La Habana donde encontraron la comprensión, el respaldo y el afecto de Fidel Castro, que sumó su autoridad y su talento al empeño normalizador que también es parte de la obra revolucionaria.
La crisis del socialismo real que recayó implacable sobre Cuba y la borrachera triunfalista de la contrarrevolución mieamense en los noventa, no fueron suficientes para cancelar el curso normalizador porque desde una madurez ciudadana y política, otras figuras e iniciativas se sumaron a los que en medio de difíciles circunstancias mantuvieron en alto las banderas del diálogo.
Ni siquiera las odiosas medidas adoptadas por Bush, que limitó viajes y contactos, han podido desalentar cursos que en los nuevos escenarios pudieran reverdecer.
Miradas (IV)
El derrumbe del campo socialista y la desaparición de la Unión Soviética fueron las más grandes derrotas del movimiento revolucionario y progresista en todos los tiempos. El revés tuvo un efecto devastador sobre la correlación mundial de fuerzas, dio paso a la unipolaridad y dejó a Estados Unidos como única superpotencia a escala planetaria.
Con la fuerza de un tsunami político la crisis del socialismo real se propagó a las fuerzas de izquierda en todos los países, los partidos comunistas europeos se batieron en retirada; unos renegaron de su credo y otros evolucionaron hacía posiciones socialdemócratas y, huérfanas del respaldo soviético, las grandes organizaciones internacionales sindicales, de jóvenes, mujeres y otras, desaparecieron o se transformaron en entidades minúsculas con poca o ninguna vigencia.
No obstante los significados políticos inmediatos, para académicos, politólogos y científicos sociales, lo más grave era el descrédito en que se sumía la doctrina revolucionaria y el pensamiento alternativo. El marxismo, atacado implacablemente durante siglo y medio pareció condenado al olvido.
Cuba, el más pequeño y económicamente vulnerable de los países socialistas, el que a noventa millas de Estados Unidos padecía un bloqueo total y la perenne amenaza de agresión militar, fue brutalmente impactado por la crisis, que lo privó de alianzas políticas, vínculos comerciales, créditos, abastecimiento de energía, alimentos, materias primas, insumos, vínculos científicos y de clientes para sus exportaciones.
La situación se torno desesperada porque oportunistamente, Estados Unidos arreció su bloqueo al que de manera cínica y abierta se sumaron los nuevos gobernantes de sus antiguos aliados. Al amparo de las administraciones de Ronald Reagan y Bush, la contrarrevolución basificada en Miami disfrutaba de un poder inaudito y vivía un momento de euforia.
Jorge Mas Canosa, Chairman de la Fundación Nacional Cubano Americana era recibido en la Casa Blanca y por los gobernantes de los países ex socialistas e incluso en algunos palacios de gobierno latinoamericanos. Algunos guatacas lo llamaban “presidente”, aludiendo no a la Fundación, sino a Cuba la que se repartían antes de haberla conquistado.
En la Isla, Fidel Castro que públicamente había reflexionado acerca de la posibilidad de la desaparición de la Unión Soviética antes de que ocurriera, llamó a cerrar filas, apeló a la conciencia de los cubanos y su patriotismo, planteó la resistencia como opción y
Por un inesperado giro, explicable únicamente por la fuerza de los vínculos nacionales y la vigencia del sentido de pertenencia a la Nación que no es una entidad política, a inicios de los años noventa, cuando los enemigos de la Revolución apostaban por una derrota inminente, un pretencioso analfabeto político ganaba dinero con un libro titulado La Hora Final de Fidel Castro y en Miami se pedía a gritos una licencia de tres días para matar; allí mismo en el enclave regido por la contrarrevolución, se alzaron otras voces y surgieron otras actitudes.
En un curso paralelo a los que durante años abogaron por el diálogo, los viajes y la normalización de los contactos familiares, se destacaron emigrados que en la prensa, la radio y la actividad social de Miami se habían señalado por sus enfoques honestos y objetivos de la realidad cubana, entre los cuales los hubo con suficiente audacia e imaginación como para proponer a Cuba nuevos contactos, esta vez de naturaleza política, asociados a los debates del momento incluso a opciones de colaboración.
Así apareció la idea de celebrar en Cuba, con los emigrados como ponentes, eventos conocidos como Seminarios sobre Democracia Participativa. Lo extraño no fue lo extravagante de la idea, sino que fuera acogida. De ese modo a partir de 1992 grupos de emigrados fueron a Cuba no a uno, sino a más de cuarenta de aquellos eventos en los cuales cubanos residentes en Estados Unidos y militantes revolucionarios reflexionaban sobre la democracia, la participación y sobre todos los temas del momento, incluyendo la debacle socialista.
Los participantes de aquellas jornadas cuentan de reflexiones intensas y profundas, confrontaciones ideológicas de fondo y debates circunstanciales, pero ningún incidente, ningún gesto arrogante y ninguna evidencia de que los emigrados persiguieran fines mezquinos u oportunistas.
Sin que dependieran uno de otros o hubiera concertación entre ellos, el empeño original y la apertura cubana, dieron lugar a un movimiento de aproximación de los emigrados al país. En aquella época, entre otras aparecieron organizaciones y proyectos como la Asociación de Trabajadores de la Comunidad, la Organización de Profesionales y Empresarios Cubano-Americanos, el Rescate Cultural Cubano, la Organización de Solidaridad Judía, y otras que con la Brigada Antonio Maceo, las revistas Replica y Contrapunto, así como la Radio Progreso Alternativa, formaron una corriente que se hizo respetar por la contrarrevolución, por las autoridades de la ciudad y que incluso tuvieron contactos a nivel federal.
En su conjunto, lo ocurrido desde 1978, fecha de los diálogos y el poderoso e intenso movimiento de los años noventa, preparó el camino para la Conferencia La Nación y la Emigración, hasta hoy el más importante punto de referencia en los empeños por, no sólo normalizar, sino hacer fecundas, múltiples y concretas las relaciones entre los emigrados y el país. Miradas (V)
En la más difícil coyuntura de la Revolución, en 1994 la Conferencia la Nación y la Emigración trascendió la etapa de normalización e inició la reinserción y la colaboración de los cubanos residentes en el exterior y el país. Se trató de un punto de no retorno que evidenció la maduración de los esfuerzos iniciados por Fidel Castro y los emigrados en los diálogos de 1978 y en todo el proceso posterior.
No hace falta recordar que si bien los emigrados que formaron parte de los Diálogos de 1978 soportaron incomprensiones de sus familias y de parte de la sociedad, de sus socios en los negocios y de la patronal en los empleos y fueron confrontados por las fuerzas contrarrevolucionarias que entonces comenzaban a mandar en Miami, también en Cuba, aunque por diferentes razones, hubo resistencia al cambio.
En 1978 habían transcurrido casi veinte años de enfrentamiento entre la Revolución y el imperialismo norteamericano, se había producido la invasión de bahía de Cochinos y sumaban miles los actos de sabotaje, terrorismo y agresiones en que habían participado emigrados reclutados por CIA y al servicio de organizaciones contrarrevolucionarias. Muchas familias cubanas se dividieron y las partes se radicalizaron hasta que, en la primera coyuntura propicia, Fidel Castro encabezó los esfuerzos para explicar y persuadir al país de la necesidad de abrir una era de diálogo y reconciliación.
Con responsabilidad y respeto hacía los derechos ciudadanos, la dirección revolucionaria optó por considerar las relaciones de cada familia y de cada individuo con los emigrados como un asunto privado que no debía trascender los marcos familiares. De ese modo, como parte de un proceso inédito en el cual el país, la sociedad y las instituciones exhibieron madurez, y expresaron genuinos sentimientos nacionales, se avanzó hacía la despolitización de las relaciones con la emigración.
Cumpliendo lo acordado en 1978, al año siguiente más de cien mil emigrados visitaron el país sin que se registrara un solo incidente grave ni hubiera un solo conflicto político digno de mención.
El país respiró aliviado; había dejado atrás una difícil etapa y la Nación fue más feliz. La Revolución se anotó una victoria, por primera vez compartida con la emigración. No hubo perdedores, excepto el imperio y la contrarrevolución, que por cierto aunque eran parte del problema no lo fueron de la solución.
Naturalmente que procesos de tal significado y complejidad y que abarcan a millones de personas, no trascurren en abstracto, sino en los escenarios reales donde también se libra la lucha de clases y tiene lugar la confrontación con el imperialismo. Menos de dos años después del diálogo de 1978, en 1980 ocurrieron los sucesos de la Embajada del Perú, en La Habana y tuvo lugar el “éxodo” por el puerto de Mariel que erróneamente y mal intencionadamente algunas versiones trataron de atribuir a influencias generadas por las visitas de los emigrados. En realidad, Mariel fue parte de la política norteamericana de utilizar la emigración con fines políticos, una de las inconsecuencias que caracterizaron a la administración de James Carter y una reacción defensiva de la Revolución, que otro día contaré.
En la Conferencia de 1994, con la presencia de varios cientos de emigrados, la mayor parte de ellos procedentes de Estados Unidos y con participación de altas autoridades cubanas, en un ambiente distendido y con entera libertad, se debatieron importantes asuntos de las relaciones de los emigrados con el país, entre otros, la posibilidad de su intersección en la economía nacional con el mismo trato que los inversionistas extranjeros, mayores facilidades para las visitas, incluso se examinó la posibilidad de que los residentes en el exterior pudieran participar en los procesos electorales nacionales.
Naturalmente aquel evento ni otros posteriores podían de una vez resolver todos los problemas ni despachar todos los asuntos pendientes, algunos de los cuales debían ser objeto de estudios y de la adopción de legislaciones apropiadas. No obstante en algunos campos se dieron los primeros pasos y en otros, como es el de la cultura, se avanzó decisivamente.
La reacción tomó nota del significado de aquel encuentro y reaccionó de modo brutal contra sus participantes, algunos de los cuales fueron política y socialmente linchados al retornar en Miami.
El hecho cierto es que ahora cuando la nueva administración norteamericana ha declarado su intención de poner fin a la crueles prohibiciones de Bush, se abren nuevos escenarios en los cuales no habrá que reeditar lo andado sino, sobre la base de lo alcanzado hace treinta años durante los Diálogos de 1978 y quince años atrás en la Conferencia la Nación y la Emigración, avanzar resueltamente.
El presidente Raúl Castro insiste en recomendar que en todos los campos, especialmente en los más difíciles, si es precioso se debe avanzar paso a paso, consolidando lo alcanzado, sin retroceder y sin detenernos. Es la mejor orientación y la mejor filosofía. Miradas (VI)
Ningún episodio asociado a la emigración cubana ha tenido tanta repercusión ni ha sido tan estudiado en Cuba y en Estados Unidos como el “éxodo” de Mariel que aportó una nueva categoría sociológica: “marielito”, una criatura ambigua originalmente detestada en Cuba y rechazada en Miami y por último asimilada en ambas orillas.
No obstante, el rigor y la honestidad de la mayoría de las investigaciones académicas con frecuencia, se exageran o minimizan determinadas aristas. Lo más frecuente es acusar al gobierno cubano de haber provocado la estampida de 1980 y utilizarla como un drenaje para enviar delincuentes a los Estados Unidos.
En mí opinión Mariel fue una consecuencia de la persistente estrategia norteamericana de manipular la emigración con fines políticos, una inconsecuencia de la administración de James Carter y una actitud defensiva de la Revolución, a la que lamentablemente se sumó el abuso de los llamados
Los procesos que a Mariel se gestaron durante los seis años que median entre la suspensión de los vuelos Varadero - Miami en 1974 que durante diez años había sido el único canal para la emigración legal y que al ser cancelado, dejó como opción las salidas ilegales. La propaganda se encargó de establecer la idea de que los cubanos no emigraban sino que huían del régimen y de teñir con matices heroicos la figura del
El estereotipo de que los cubanos huían de la Isla en balsas no resiste el menor análisis. En los diez años que median entre 1964 y 1974, por el puente aéreo Varadero
Dado que no abundan en Cuba los propietarios de embarcaciones de recreo y nadie posee aviones privados, es común que los emigrantes ilegales acudieran al secuestro de aviones o al robo de embarcaciones. Durante décadas, Estados Unidos y todos sus aliados han ignorado las denuncias de Cuba acerca de la peligrosidad de tales prácticas que ponen en peligro la vida de tripulantes, pasajeros y custodios.
La efectividad conque Cuba impedía las salidas ilegales y la negativa norteamericana a conceder visas, acumularon el potencial migratorio formado no sólo por personas que no querían vivir bajo el régimen político de la Isla, sino también por quienes, por razones económicas o de reunificación familiar, trataban de acceder a territorio norteamericano. En la sociedad cubana había también delincuentes atraídos por la bonanza y las leyendas de la vida fácil en la Florida.
En aquel contexto, desesperados por viajar a los Estados Unidos, ante las dificultades y los riesgos cada vez mayores para robar o secuestrar aviones o embarcaciones, elementos sumamente violentos acudieron al procedimiento de irrumpir violentamente en misiones diplomáticas en La Habana, sobre todo en aquellas cuyos gobiernos, sumados a la política anticubana de Estados Unidos se mostraban benevolentes.
En abril de 1980, en una de esas irrupciones, fue asesinado un joven custodio de la embajada de Perú en La Habana, circunstancia ante la cual el gobierno cubano decidió retirar la custodia exterior de esa misión diplomática, dando lugar a que varios miles de personas ingresaran en la sede diplomática. En respuesta a la declaración de que Estados Unidos estaba dispuesto a admitir a personas que habían ingresado en la embajada de Perú, el gobierno cubano abrió el puerto de Mariel para que embarcaciones procedentes de la Florida arribaran para recoger a sus familiares.
No consta que deliberadamente las autoridades cubanas incluyeran obligatoriamente entre las personas que emigraron por Mariel a delincuentes, cosa que tampoco tenía por qué impedir. Estados Unidos debía conocer que en Cuba había no sólo trabajadores competentes, profesionales calificados, deportistas de alto rendimiento, artistas virtuosos y personas con habilidades especiales, sino también marginales que aspiraban a acogerse a la generosidad norteamericana.
La oleada migratoria de más de 100 000 personas tuvo el efecto de matizar la composición social de Miami, introduciendo allí a personas de origen humilde que habían recibido toda su educación, incluyendo su formación laboral y profesional bajo la Revolución, se habían beneficiado con ella y, en términos generales, no eran hostiles al proceso sino que aprovechaban la oportunidad para viajar y establecerse en Estados Unidos.
Los
No obstante, el enorme trauma que representó para Cuba y para la emigración, Mariel abrió el camino para un nuevo acuerdo migratorio frustrado por otra agresión norteamericana, esta vez sin precedentes en la historia: Radio Martí. *Jorge Gómez Barata - Periodista y profesor … Graduado del Instituto Pedagógico y colaborador de medios ‘Cuba-Nos y Extranjeros’. En su columna, el autor incluye —además de artículos exclusivos para ‘CubAhora’— materiales suyos publicados por el diario mexicano !Por Esto!, las emisoras Radio Habana Cuba y Radio Taíno, y otros difundidos por la Agencia ecuatoriana ‘ALTERCOM’ y Director Regional de la Agencia de Contrainformación ArgosIs-Internacional en la República de Cuba…Marcos Jesús Concepción Albala Director de Argos Is-Internacional MIEMBRO DE LA 'CAMACOL' Y DE LA 'FELAP' argosiswebmaster@... http://espanol.groups.yahoo.com/group/ArgosIs-Internacional http://espanol.groups.yahoo.com/group/ArgosIs-Contrainformacion |
>¡Sé el Bello 51 de People en Español!
¡Es tu oportunidad de Brillar! br>Sube tus fotos ya http://www.51bello.com/