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Opinión: Estado y la crisis (III)

 

OPINION... ARGOS: OCTUBRE 25 DE 2008...

 

X Jorge Gómez Barata 

 

La desigual evolución de las estructuras sociales, consustancial a todas las etapas del desarrollo da lugar a enormes tensiones y dramáticos costos humanos. Así ocurrió cuando el advenimiento del capitalismo en los siglos XVIII y XIX que aceleró la industrialización y provocó la proletarización del campesinado, la urbanización caótica e introdujo el trabajo femenino e infantil sin que existieran las instituciones reguladoras apropiadas. Entonces el desfase entre la base económica y la superestructura jurídica se expresó en la inmadurez y la incompetencia del Estado para arbitrar entre los actores sociales.

 

El debut del capitalismo planteó situaciones nuevas, entre ellas la presencia de actores sociales más activos, calificados y beligerantes, el  principal de ellos, la clase obrera, a la vez que imprescindible para la evolución del nuevo sistema social, su mayor antagonista. Si bien nunca hubo una revolución protagonizada por los esclavos y en diez siglos de feudalismo los siervos no pudieron ajustar las cuentas a la nobleza, no ocurrió lo mismo con la burguesía y con el proletariado.

 

Para prosperar el capitalismo necesita de una clase obrera numerosa e ilustrada, circunstancias que unidas al clima político auspiciado por el liberalismo, dieron lugar al surgimiento de la oposición al sistema. El capitalismo salvaje favoreció el surgimiento de los sindicatos, los partidos obreros, la socialdemocracia, los partidos políticos de inspiración cristiana y el marxismo, incluso a la crítica del Papa León XIII quien mediante la encíclica Rerum Novarum protestó contra la barbarie.

 

El desenfreno de los capitalistas y las tensiones sociales provocadas por la explotación de la clase obrera, que dieron lugar a las revoluciones de 1848, a la Comuna de Paris y a la Revolución Bolchevique, sólo podía ser controlado desde el poder. Para salvar al capitalismo, el Estado liberal, representante de la burguesía, actuó contra la burguesía, confrontó a los capitalistas y estableció reglas como la jornada de ocho horas, los salarios mínimos, la limitación del trabajo infantil y otras que atenuaron la rebeldía y preservaron el sistema. El Estado protegió a los capitalistas de los propios capitalistas. 

 

Si bien la existencia de las clases sociales da lugar a la lucha entre ellas; todos los días los obreros y los capitalistas se ven las caras, conviven en las mismas ciudades, comparten ideales nacionales, son fanáticos de los mismos equipos deportivos, aplauden a los mismos artistas e incluso votan por los mismos políticos. Semejante resultado es posible por la función reguladora del Estado, cuyo principal cometido es alcanzar la  "paz social". Moderar la lucha de clases y conseguir ese clima de relajamiento es la clave para permitir que la sociedad funcione y constituye el cometido esencial del Estado capitalista que trabaja para evitar las crisis que ponen en peligro al sistema.

 

Con el tiempo, en los países desarrollados de Europa Occidental y como parte de la confrontación con el socialismo, el Estado de los capitalistas, con un formato diferente y eficaz, adoptó algunos de los preceptos que combatía, aumentó los salarios y el nivel de vida, creó sistemas de instrucción y salud pública, promovió políticas sociales inclusivas y fundó los "estados de bienestar". Muchas de esas realizaciones son asignaturas pendientes para el Estado norteamericano.

 

Lo que en términos del papel del Estado ocurre actualmente en Estados Unidos es resultado de una deformación y de una flagrante violación de las reglas del juego, originada porque ciertas camarillas conservadoras se apoderaron del gobierno y con ese poder, actuaron contra el Estado, llegando a provocar su crisis.

 

Contra la pared el Estado norteamericano no tiene otra alternativa que deshacerse de la camarilla de Bush y, como recurso de supervivencia, avanzar hacía el cambio. Curiosamente, sin otra alternativa que introducir recetas socialistas, por cierto no será la primera vez. Tal vez Marx no estaba tan descaminado al afirmar que el socialismo sería un resultado del desarrollo capitalista. De todos modos. En Wall Street llegó la hora de proclamar: ¡Abajo el Estado! y ¡Viva el Estado!

 

Así es de complicado e interesante. Luego nos vemos.

 

 

*Jorge Gómez Barata - Periodista y profesor... Graduado del Instituto Pedagógico y colaborador de medios `Cuba-Nos y Extranjeros´. En su columna, el autor incluye -además de artículos exclusivos para `CubAhora´- materiales suyos publicados por el diario mexicano !Por Esto!, las emisoras Radio Habana Cuba y Radio Taíno, y otros difundidos por la Agencia ecuatoriana `ALTERCOM´ y Director Regional de la Agencia de Contrainformación ArgosIs-Internacional en la República de Cuba...

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