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Hallazgo de los restos de otra victima de la dictadura   Lista de mensajes  
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Argentina: ¡Chau Ale... deciles que me llevan...!!!



(Por Carlos A. Bozzi)*

Argenpress, 31 de marzo.- Historia de la desaparición
de Stella Maris Bojorge. Nuevamente el Equipo
Argentino de Antropología Forense logró identificar
los restos de otro de los jóvenes asesinados por el
Terrorismo de Estado en Argentina durante la década
del setenta.

Se trata de Stella Maris Bojorge, quien fuera
secuestrada en la madrugada del 2 de julio de 1977 de
su domicilio paterno y cuyos restos fueron hallados a
fines del pasado año en el Cementerio de la ciudad de
La Plata.

»»El comienzo de la historia.- Aún no había
transcurrido la medianoche del 1° de julio de 1977,
cuando un grupo fuertemente armado irrumpe en el
domicilio de Stella Maris Bojorge Puricelli, 23 años,
aterrando a esta tranquila familia domiciliada en la
ciudad de Mercedes, Provincia de Buenos Aires,

Stella Maris, se había recibido en la Escuela Normal
de su ciudad natal en el año 1971 y posteriormente
ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad
Nacional de La Plata, cursando hasta el tercer año.
Cuando cinco años más tarde abandonó la carrera,
retornó a casa de sus padres y al momento del
secuestro viajaba periódicamente a la Capital Federal
donde estudiaba inglés en las “Academias Pitman”.

Ese primer viernes de julio, hacía solo unas pocas
horas que había regresado a Mercedes para hacerse
atenderse por un problema de salud, cuando es
sorprendida en su propia casa por el referido grupo.
“Para sorpresa de los secuestradores, se encontraban
en la vivienda varios familiares: Stella, sus padres,
cinco hermanos, un cuñado y una sobrina a quién el día
siguiente le festejarían su primer año de vida...

Los hombres fueron llevados a una habitación, los
obligaron a colocarse de rodillas, les ataron manos y
pies y cubrieron sus rostros con fundas.
Posteriormente fueron trasladados a un dormitorio y
atados a los elásticos de las camas. Las mujeres
fueron encerradas en el baño y en otras
habitaciones..” narra en su relato el padre de Stella
Maris ante la Conadep.

Ya al ingresar, preguntaron por “Pepón” y “Perica”,
dos amigos de la joven, que estudiaban en la Facultad
de Agronomía de La Plata. Intensificado el
interrogatorio sobre Stella Maris, otra de sus
hermanas que ingresó a la vivienda sin percatarse de
lo que ocurría, también escuchó cuando inquerían por
estos dos estudiantes universitarios.

Fue la última en ver a Stella Maris, cuando
aproximadamente a la una de la madrugada, se retiran
los secuestradores con su botín. Con suma entereza, la
joven atinó a decir: ¡Chau Ale!...Deciles que me
llevan...!!!

Arturo Carlos Bogorje, en busca de su hija,
inmediatamente acudió al Regimiento 6 de Infantería de
la ciudad de Mercedes, a cargo del Teniente Coronel
Justo J. Rojas Alcorta, quién lo recibió el 4 de
agosto, sin aportar ninguna solución a la angustia
familiar. A los cuatro días de esta infructuosa
entrevista, el señor Bojorge recibe dos llamados
telefónicos, citándolo a una entrevista en la ciudad
de Luján para negociar la libertad de la muchacha.

En la oportunidad, tres personas abordaron su
automóvil portando armas largas y equipo de radio
comunicación, asegurando tenerla cautiva y proponiendo
liberarla a cambio de información sobre el paradero de
un familiar a quién buscaban.

Aseguraron que Stella Maris “no tenía cargos graves y
no militaba de un año y medio atrás, después de la
muerte de una compañera”, por lo que era factible su
libertad siempre y cuando se les proporcionen los
datos que necesitaban. Ante la negativa del hombre, el
grupo se retira, no sin antes amenazarlo con nuevos
secuestros. Es así que cumpliendo su promesa, el 31 de
agosto lo secuestran junto a dos familiares más.

Durante un día entero es sometido a torturas para que
proporcione el paradero de la persona a quien decían
buscar, pero al no obtener información deseada, todos
son liberados. Obviamente la familia recurrió a la
justicia, pero sin resultado alguno. También se acudió
a la Iglesia Católica, institución que a través de la
Conferencia Episcopal Argentina respondió el 26 de
mayo de 1978 en nombre y representación del Cardenal
Raúl F. Primatesta.

En dicha misiva el secretario del Cardenal lamenta que
al prelado le resulte imposible conceder audiencias en
Buenos Aires, dado que por su residencia permanente en
Córdoba, cuando venía a la Capital lo hacía fugazmente
y solo por asuntos atinentes a la Conferencia
Episcopal. Y concluye el acongojado prelado: “De todas
maneras, las autoridades eclesiásticas poco pueden
hacer en angustiosos problemas como el de Uds.

Aunque se han obtenido algunos resultados generales,
en nuestras intervenciones por casos particulares los
esfuerzos han sido siempre infructuosos. Dios les
ayude y les conforte en tan penosos momentos”.

»»Y Dios ayudó...- El 4 de enero del año 1984 se
difunden públicamente relatos de sobrevivientes del
Centro Clandestino de Detención “La Cacha” y en el
listado de personas vistas aparece el nombre de Stella
Maris. Allí había estado cautiva “La Ratona”, apodo
con que se la llamaba familiarmente.

En ese listado, se menciona a Carlos Alberto Weber
(Pepón), joven por el que habían preguntado los
secuestradores aquel 1° de julio de 1977 y novio de
Stella Maris desde hacía años.

Los testimonios brindados en el Juicio por la Verdad
de la Ciudad de La Plata a partir del año 1999 y las
investigaciones realizadas por la Asociación de Ex
Detenidos Desaparecidos de la Argentina, aportaron los
datos faltantes, pudiéndose así develar también la
identidad de “Perica”, la otra estudiante buscada. Se
trataba de Stella Maris Giourgas, 23 años, quién había
sido secuestrada en la ciudad de La Plata el 22 de
junio de ese mismo año.

En cambio, el secuestro de, soldado conscripto en ese
entonces, se había producido en las inmediaciones del
“Batallón de Comunicaciones Comando 601”, en la
localidad de City Bell, provincia de Buenos Aires,
seis días más tarde cuando sus superiores le “ordenan
realizar una diligencia fuera del cuartel”.

»»Y la familia triunfó.- Todos los datos reunidos
coincidían: Stella Maris había estado cautiva en “La
Cacha” al menos hasta finales de septiembre de 1977.
Varios sobrevivientes lo aseguraron e incluso habían
conversado con ella.

Con impresionante tenacidad los hermanos de la joven
reunieron pequeñas pistas, entrevistaron a numerosas
testigos, buscaron en libros de hospitales y en
registros de cementerios de los alrededores de la
ciudad de La Plata y también pidieron a la Cámara
Federal de La Plata poder acceder a toda actuación
judicial relacionada con personas cautivas por aquella
época en “La Cacha”.

A partir de todos estos datos lograron ubicar ocho
cuerpos ingresados como “NN al Cementerio platense en
la madrugada del 22 de septiembre de 1977 y que fueron
“encontrados” por la policía en las cercanías de la
localidad de Berazategui, sospechándose que dichas
muertes correspondían al resultado de un “traslado de
prisioneros” retirados de “La Cacha” para su
ejecución.

Tal la técnica de “la inteligencia militar” y el marco
de desinformación a que se sometía a la sociedad
durante el gobierno cívico-militar, las 8 personas
-todos jóvenes entre 25 y 30 años- habían sido
asesinadas en distintos grupos y en calles cercanas
entre sí.

Así uno de ellos estaba compuesto por dos masculinos y
un femenino, el otro grupo incluía a dos femeninos y
un masculino y el tercer grupo era una pareja. Con
ello se simulaba el escenario de un importante
operativo antisubversivo y el abatimiento de toda una
célula extremista, aunque las actas de defunción
encontradas por la familia Bojorge denunciaban otra
realidad al consignar la causa de las muertes de la
siguiente manera:

“Destrucción de masa encefálica por múltiples heridas
de bala”. Según las Actas del Registro Civil el hecho
aconteció a las 4,30 de la mañana y llamativamente
seis certificados de defunción están firmados en forma
entrecruzada por dos médicos. Se pretendía conformar
el escenario de un crimen perfecto.

Así las cosas, en octubre del pasado año, por orden de
la Cámara Federal de La Plata el Equipo de
Antropología Forense comenzó con los estudios de ADN
sobre los 8 cuerpos. Uno de ellos aún presentaba
restos de la vestimenta que llevaba Stella Maris la
madrugada de su secuestro. Coincidían pulover,
pantalón y calzado. Era un indicio alentador que se
confirmó cuando a mediados de febrero los exámenes
científicos dieron resultado positivo:

Uno de los cuerpos hallados era el de la joven
mercedina, que desde la primera semana de marzo
descansa en su ciudad natal. La historia deja más de
una enseñanza, pues en el caso, el esfuerzo y la
tenacidad de toda una familia logró reunir una
impresionante cantidad de datos, que -vaya paradoja-
estaban en poder del mismo Estado que asesinó a la
joven secuestrada.

Es bueno que el ejemplo sirva para que muchos otros
sigan similar camino y quizás se obtengan mejores
resultados, en esta búsqueda que ya lleva largos y
penosos años. Aunque también, el tema merece otras
reflexiones. Una dedicada al Estado Nacional y otra
sobre el actuar de las Fuerzas Armadas en la década
del 70, que merecen una amplia discusión.

Desde hace años la Corte Suprema de Justicia de la
Nación ha sostenido que el Estado debe garantizar el
derecho a la verdad y la obligación del respeto al
cuerpo y del derecho al duelo, siendo su obligación
investigar y castigar a los responsables de todo
crimen sobre personas desaparecidas, arbitrando las
medidas necesarias para determinar el modo, tiempo y
lugar del secuestro y la posterior detención y muerte
y el lugar de la inhumación de los cuerpos de todas
ellas.

Y '...si el aparato del Estado actúa de modo que tal
violación quede impune y no se restablezca en cuanto
sea posible a la víctima la plenitud de sus derechos,
puede afirmarse que ha incumplido el deber de
garantizar su libre y pleno ejercicio a las personas
sujetas a su jurisdicción' (Extraído del fallo de la
CSJN en los autos. 'Suárez Mason, Carlos Guillermo s/
homicidio, privación ilegal de la libertad, etc.
(causa 450). Aguiar de Lapacó, Carmen s/recurso
extraordinario'.13 de agosto de 1998).

Es obvio que ejemplos como este, muestran que la
actividad del Estado en este sentido, es al menos
tibia e indecisa para colaborar en la enorme tarea que
aún resta realizar, quedando la iniciativa siempre en
manos de familiares u organismos de derechos humanos.

La segunda reflexión apunta al accionar de las Fuerzas
Armadas en la década del 70, cuando aplicaron la
metodología no solo del asesinato de personas
indefensas, sino también la del ocultamiento de los
cuerpos, en un hecho sin precedentes en la historia de
la humanidad, aun hoy sin justificación teórica o
doctrinaria posible.

El derecho de enterrar a los muertos en el pensamiento
de casi todos los pueblos antiguos había sido
concedido aún con relación a los condenados a una
muerte infamante o a los enemigos de la guerra y era
juzgado como un castigo terrible el desconocer el
destino de los restos de una persona lo que la
asimilaba a un animal.

Los pueblos civilizados, ya desde la misma Ilíada,
prestaban suma atención al destino de los cadáveres,
considerado esto como un rasgo distintivo frente a
otras tribus a las que calificaban de impías por
despreciar el cuidado de aquéllos.

La muerte en la guerra no era obstáculo para la
devolución de los cadáveres de los parientes, medida
adecuada a los usos y costumbres tanto del mundo
helénico como del romano, considerándose una
profanación cuando no se actuaba conforme a esos usos.


Los orígenes de la tradición cristiana giran en torno
a la devolución del cuerpo de Jesús por Poncio Pilatos
y las reliquias de los muertos en la persecución eran
tenidas en gran aprecio a punto tal que la reunión de
lo cristianos alrededor de las reliquias de los santos
y de las iglesias construidas sobre ellas, se
convirtió en un rasgo específico de la civilización
cristiana... (Del voto del Dr. Bossert en el fallo
citado)

“Se trata de un principio moral reconocido desde la
antigüedad, el derecho de los familiares de enterrar a
sus muertos, que proviene de leyes no escritas y
firmes de los dioses que no son de hoy ni de ayer sino
de siempre y nadie sabe a partir de cuándo pudieron
aparecer” (Sófocles, 'Antígona', v. 455-459. ed. Ma
drid, Alianza Ed. 1997, versión de José M. Lucas de
Dios, p. 185. Voto del Dr. Bossert).

Esta es otra de la cuestiones pendientes y al no
cerrarse definitivamente se afecta un... “Derecho cuya
vulneración configuró en todos los tiempos la
perpetración de una impiedad. Es una noción que el
hombre opone al salvajismo... Cuestionar ese derecho
implica negar que un sujeto posee una dignidad mayor
que la materia.

Y ello afecta, no sólo al deudo que reclama, sino a la
sociedad civil, que debe sentirse disminuida ante la
desaparición de alguno de sus miembros, 'una sociedad
sana no puede permitir que un individuo que ha formado
parte de su propia sustancia, en la que ha impreso su
marca, se pierda para siempre (Robert Hertz, 'La
muerte', Alianza Editorial Mexicana, 1990, p. 91).
(Id. Anterior).

Por ello, nunca más acertadas las palabras del
distinguido jurista, cuando concluye en sus
apreciaciones, manifestando: 'El juicio del tiempo
sobre cada conducta puede ser variable en el plano
político, porque a la luz de la experiencia es dable
ver quién acertó y quién equivocó el camino. Pero el
juicio en el plano moral es inequívoco. Hubo quienes
defendieron y quienes menospreciaron la dignidad
humana'.

»»La noche de las escopetas.- Pero la historia no
termina aquí. ¿Qué suerte corrieron los jóvenes Carlos
Alberto Weber, “Pepón” y Stella Maris Giourgas,
“Perica” por quienes también habían preguntado los
secuestradores aquellas ultimas horas del 1° de julio
de 1977?

Otras investigaciones, pudieron determinar que fueron
ejecutados la noche del 19 de julio de aquel mismo año
en el camino que une la Ruta de la Costa hacia la
localidad de Santa Clara del Mar y la Ruta Nacional
Numero Dos, en los alrededores de la ciudad de Mar del
Plata. Habían sido sacados del Centro Clandestino de
“La Cacha” y transportados en un automóvil Ford Falcon
que resultó “interceptado” por una patrulla militar.

En el asiento delantero se encontró el cuerpo de
Weber, en el trasero el de la joven Giorguas y
amordazado y vendado en el baúl de ese vehículo estaba
yo. De ahí me sacaron unos soldados. El “Ford Falcon”
pertenecía al Doctor Norberto Centeno, asesinado siete
días antes en el Centro Clandestino “La Cueva”,
instalado en la Base Aérea de Mar del Plata, en el
hecho que se conoció como “La Noche de las Corbatas”.

La prensa aludió a la noticia como un triunfó sobre la
subversión y el Estado en una misma acción sumó: una
liberación, le atribuyeron mi secuestro a Montoneros,
mataron secuestrados, recuperaron el automóvil del Dr.
Centeno reforzando la teoría de que también había sido
muerto por dicha organización y se vendió la operación
como un éxito de las fuerzas legales.

A más de ello, las Fuerzas Armadas pretendían atribuir
a “organizaciones extremistas” el cautiverio del resto
de los abogados secuestrados en “La Noche de las
Corbatas”, que en ese momento permanecían prisioneros
en “La Cueva” y que aún hoy se encuentran todos
desaparecidos.

La mayoría de los tiros fueron de escopeta y el hecho,
a la luz de la historia, resulta ser un homicidio,
cuya autoría ha sido confesada públicamente por sus
propios ejecutores, al difundir por los diarios la
noticia de “un enfrentamiento armado” que solo fue uno
de los tantos crímenes de la época.

Las víctimas en este caso, son los testigos vivientes
de este fraude y su “palabra” nunca podrá ser
desvirtuada. Pero, aún queda la incógnita ¿cómo y por
qué estos jóvenes fueron trasladados hasta Mar del
Plata para semejante simulación? ¿en dónde encaja una
y otra historia? ¿que mecanismo perverso ideó tremendo
sistema de eliminación de personas?

A pesar de todo, siempre alguna luz se enciende. La
más importante -por ahora- es la de Stella Maris
Bojorge que brilla sobre su cielo de Mercedes. Es
seguro, también, que pronto se develará el misterio de
lo acontecido con sus compañeros en aquel siniestro
camino marplatense.

*Carlos A. Bozzi es sobreviviente de La Noche de las
Corbatas•


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