Un canto doloroso a Palden Lhamo
por Su Santidad el decimocuarto Dalaï-lama
¡Bhyôh!
Expansión de la gran bienaventuranza -todopenetrante, libre de elaboraciones-;
de formas ya sea deseables o airadas, en relación con aquellos por domeñar,
domináis el aparente mundo entero, samsâra y nirvâna;
¡Madre única, Señora victoriosa por sobre los tres mundos, atended por favor aquí y ahora!
Por el apoyaros y familiarizaros con la extensa conducta de los bodhisattvas durante eras innumerables -lo que otros encuentran difícil de seguir-
obtuvísteis el poder de la sublime Iluminación vajra;
Madre amorosa, véis y no falláis el momento correcto.
Los vientos de la conceptualidad se disuelven en espacio.
Danza vajra de la mente -la cual produce todo el mundo animado e inanimado-,
como único amigo que produce los placeres de la existencia y la paz:
tras haberlos conquistado a todos, sóis bien alabada como La Triunfante Madre.
Por el custodiar heroicamente el dharma y los tenientes del dharma -con los cuatro tipos de acción, relampagueante como el rayo-
abiertamente te acrecientas, cual la luna llena al centro de una guirnalda de poderosos Protectores del dharma.
Cuando por la índole agobiante de este tiempo el más degenerado,
las huestes de mal augurio -deseo, ira, engaño- se levantan cada vez más,
entonces, incluso, vuestro poder es imperturbado, agudo, veloz y sin límite.
¡Maravilla! Recordándoos ardientemente desde mi corazón ¡oh Diosa!, he confesado mis votos quebrantados y satisfecho tus placeres todos.
Tras haberos entronizado como el Protector supremo, mayor entre los grandes,
¡cumplid con energía inflaqueable vuestras tareas encomendadas!
Fieras deidades protectoras y vuestros séquitos: los que, en concordancia con las instrucciones del siddha Supremo -El vajra nacido del loto-, y por el poder del karma y las plegarias,
tenéis una conexión cercana cual Guardianes del Tíbet:
¡levantad vuestra majestad e incrementad vuestros poderes!
En la contrera del Tíbet, todos los seres
-aunque destrozados por el enemigo y atormentados por insoportable sufrimiento-
moran en la constante esperanza de la libertad gloriosa:
¿cómo podrían sufrir el que no se les dé vuestra compasiva mano?
Así que, venid por favor a enfrentar los grandes asesinos, el enemigo malhechor.
¡Oh Dama que ejecutáis las acciones de la guerra y las armas!,
dakîni, os conjuro con este afligido canto:
¡ha llegado la hora de aportar vuestra destreza y poder!
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Sin datos bibliográficos, editado (ca. 08-03-01) por el señor Rudy Harderwjik en su website http//:www.omplace.com/omsites/Buddhism/prayers.html#2
Traducido del inglés, con gran necesidad, por uno llamado lobsang dawa por su bondadoso Maestro. París, Francia, el vigésimosegundo día del primer mes de la cabra de agua. Sarvamangalam bhavantu.
¡Sé un mejor ambientalista!
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